Librilla

  • Fecha de publicación: 03/04/2014
  • Fecha de modificación: 05/11/2020
    • Librilla, Murcia, España

En el centro geográfico de la Región se encuentra la villa de Librilla, una villa demasiado desconocida por la inmensa mayoría de los ciudadanos de la propia Región de Murcia, y que en los próximos años aspira a poder mostrar todo su potencial turístico. Hace tiempo escribí que "no es necesario viajar a la región de la Capadocia en Turquía, o al Parque Nacional del Cañón Bryce en EEUU para contemplar sus famosas Chimeneas de Hadas".
Librilla, cuyas tierras han regado los nacimientos del poblado de Fuente Librilla (Mula), tiene desde hace siglos atrás el Derecho de Concesión de Agua Real. Algo, que, sin duda, le permitió convertirse en un referente en dicha época.
Más aún, este trozo de la Región es la única ciudad que ofrece al visitante 365 puestas de sol diferentes al año. Todo ello desde su majestuoso Mirador del Embalse de Algeciras, donde el Barranco de Gebas se nos ofrece desnudo y brillante, cambiando de color a cada instante, y donde la naturaleza ha dejado caer un trozo de su tesoro.
Por si poder disfrutar de una de los más bellos paisajes de la Región fuera poco, justo detrás de este mirador, mientras miras sus atardeceres azules, amarillos y rojos, tienes el yacimiento de El Castellar. Tampoco está señalizado, pero estoy seguro que, algún día, alguien se dará cuenta de la necesidad urgente de comenzar a excavar sus entrañas, desenterrar la historia y, quién sabe, encontrar un nuevo poblado argárico, equidistante entre la Almoloya (Pliego y Mula) y La Bastida (Totana).
Inicio del camino en su Antigua Posada
Pero vayamos paso a paso. Comenzaremos nuestra ruta en su popular y conocido lavador, donde un olmo, algo más que centenario, se asienta para ver uno de los edificios más emblemáticos que existen en el Guadalentín: su Antigua Posada. Una lástima, un verdadero despropósito que un lugar así siga poniendo a la ciudad frente a un espejo. Si algún día la corporación municipal es capaz de poner en valor este emblemático edificio, el propio destino de la ciudad daría un giro de 180 grados.
Una de las mejoras formas de conocer este municipio es pasear por el conocimiento y su historia. Yo tuve el lujo de que el historiador local Salvador García Brocal me llevara de la mano para caminar juntos por un lugar que fue repoblado por aragoneses y catalanes, allá por el siglo XIV, bajo el gobierno de Jaime II. Desde aquí, y tras ver por las rejas y rendijas la majestuosidad de este edificio (hasta que alguien se tome en serio su restauración y puesta en valor), nos dirigiremos a la plaza del Ayuntamiento, donde su famosa torre del reloj nos indica el epicentro de la ciudad.
Un reloj, por cierto, comprado en Argelia en 1770, y que servía para que los agricultores conocieran las horas para el regadío. Antes de llegar, a nuestra izquierda, a unos cien metros de Las Posadas, se nos queda la Casa del Marqués de Camachos, donde Pedro Pagán Ayuso, que fue alcalde de Murcia en 1874 y diputado a Cortes en varias ocasiones, vivió y murió en ella.
Paso obligado por famosa Rambla de Librilla
Antes de abandonar la ciudad para dirigirnos a visitar el Barranco de Gebas, nos asomaremos primero a su Plaza de la Iglesia de San Bartolomé, para seguidamente acercarnos a su famosa Rambla de Librilla. Es de lamentar, una vez más, que la ciudad siga sin aprovechar este capricho de la naturaleza. Históricamente han cometido el grave error de vivir de espaldas a ella y se ha convertido en el patio trasero de muchas casas. Esperemos que, al igual que Barcelona y Cartagena (salvando obviamente las distancias) renacieron el día que decidieron mirar al mar, Librilla se dé cuenta del gran potencial que tiene en su icónica foto, se gire y convierta la Rambla en la columna vertebral de la ciudad.
Incluso podremos ver a nuestra derecha, antes de cruzar el puente, el asentamiento romano de El Salitre, que sigue aportando cada vez más información acerca de su historia. Una lástima que la crisis vuelva a tener en la recuperación de nuestro patrimonio a su primera víctima.
La mejor forma para llegar al Mirador de Algeciras, ya que lamentablemente no hay la más mínima indicación, es poner un GPS que nos lleve a él. Está solo a unos cuatro kilómetros de la ciudad dirección Espuña. Tras atravesar el Canal del Trasvase, una carretera de tierra, pero en perfecto estado y continuo ascenso, nos llevará hasta un pequeño aparcamiento que nos sitúa a apenas quinientos metros del Mirador. Detrás, no olvides que tienes El Castellar.
Se puede subir con cierta facilidad, aunque tendrás que tirar de instinto durante unos quince minutos. Si van pequeños hay que tener mucho cuidado, sobre todo al coronar el cerro. Aquí enseguida es fácil descubrir la delimitación de una de sus murallas. Lo ideal es que el Ayuntamiento organizara periódicamente visitas guiadas. Un lujo que no deberían permitirse seguir obviando.
fuente; Miguel H. Valverde. laopiniondemurcia.es


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